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sábado, 29 de agosto de 2009

Inseguridad social democrática

Una política que ha acompañado la historia más reciente de Colombia
El discurso político del cual se ha vanagloriado el gobierno y los simpatizantes del presidente Álvaro Uribe Vélez en la lucha contra las FARC, y que hoy lo tienen con aspiraciones a un tercer mandato, muestran otra cara al revisar los últimos índices de inseguridad que vienen presentándose en las ciudades capital de Colombia, estas urbes que para muchos son los focos de desarrollo y de oportunidades para aquellos que dejaron el campo por la violencia, sumado a la ausencia de políticas económicas y sociales reflejan los alcances de la Seguridad Democrática que tan solo se ha ocupado por el fortalecimiento de la fuerza publica; Bogotá, Cali, Medellín y demás metrópolis vuelven a ser sitiadas por una delincuencia ahora experta y reorganizada en el microcotráfico de drogas ilegales, el fleteo, el hurto al comercio y residencias, los homicidios, las venganzas, los ajustes de cuentas, la extorsión, el hurto callejero y otras modalidades similares combinadas.
Estos trastornos que vienen en ascenso preocupante durante el último tiempo, no son nuevos, basta con recordar la otrora época de Pablo Escobar, Gonzalo Rodríguez Gacha y los hermanos Rodríguez Orejuela, capos del narcotráfico que lograron imponer el terrorismo, corromper la clase política y el sometimiento de la fuerza pública, violencia que durante buen tiempo dejó a su paso viudas y niños huérfanos, familias incompletas con sueños por cumplir, frágiles políticas públicas de turno que aun siguen vigentes en la que incluyen a pocos sectores de la población, generando de esta manera la actual situación en la que se sumerge el país, un conflicto interno que ya no solo se ocupa de la guerra, ahora se enquista en ámbitos que se convierten en una bomba de tiempo para una sociedad que no logra encontrar el camino de la paz y la reconciliación, se abre paso la inseguridad social democrática reflejada en la falta de trabajo, en la mala calidad de los servicios de la salud y el deterioro económico y moral de la educación.
Las cifras de desempleo, de por si amañadas por el Ejecutivo mensualmente muestran de forma alarmante una cifra que destroza cualquier iniciativa de progreso, en Colombia hay 20 millones 200 mil pobres, y casi 8 millones de personas que viven en la indigencia, cantidad que equivale prácticamente al 50 por ciento de la población colombiana y a los habitantes de Bogotá respectivamente, una cruda realidad que toca las fibras del más positivo de los hombres y que obliga a preguntarnos y reflexionar que tan acertada ha sido la política de Seguridad Democrática y demás estrategias del gobierno actual, pues vemos que las necesidades básicas de los que habitamos éste país como son la salud, la educación, la vivienda y sobretodo el trabajo están lejos de prontas y acertadas soluciones traduciéndose en inseguridad en todos los campos, sin embargo es preciso reconocer que el restablecimiento de la democracia a través del aumento de la presencia militar y policial en las zonas apartadas y que por muchos años estuvieron en poder de los grupos armados ilegales permiten visualizar un mejor mañana para sus habitantes pero a su vez ha conllevado efectos paralelos en las capitales del país, fenómenos que se empiezan a salir de las manos por parte de las autoridades competentes.
Es debido que el actual mandatario colombiano con pretensiones de quedarse por otro buen tiempo en la Casa de Nariño revise ese discurso absolutista y populista que impera desde hace siete años, es el momento de invertir en políticas públicas verdaderamente sociales y humanitarias, de sacar a relucir ese corazón grande que dice tener y que lo llevó a ser Presidente de la Republica, esa mitad de Colombia que es rotulada de pobre, es un pueblo que tiene ansias no sólo de justicia y de equidad, sino además, de satisfacer sus necesidades básicas como el de alimentarse, tener servicios de salud, de educarse en un ambiente sano y competitivo, porque un hombre que no puede darle un plato de comida a sus hijos es capaz de traicionar sus buenos principios tomando el camino equivocado de las armas para conseguir aquello que ha brillado por su ausencia por más de 50 años, la justicia social.

Vicky Dávila (Álvaro Uribe) vs. Hugo Chávez

Respeto y rigidez en las preguntas, acidez pero claridad en las respuestas fue lo que dejo la entrevista realizada por la periodista Vicky Dávila al presidente venezolano Hugo Rafael Chávez sobre los últimos acontecimientos que han deteriorado las relaciones bilaterales entre los gobiernos de Colombia y Venezuela, problemas que reflejan el ordenamiento estatal en los que se desenvuelve Latinoamérica por el continuismo del poder de la derecha y el de la izquierda, esta ultima cada día genera mas adeptos entre la dirigencias políticas de Suramérica.


En la conversación se plantearon varios temas, desde la llamada a consultas del embajador de Venezuela en Colombia por parte de Hugo Chávez hasta las inquietudes que tiene el gobierno bolivariano del hermano país por la instalación de bases norteamericanas en Colombia, la posición del mandatario venezolano hace verse como una persona amenazada por las actuaciones de los Estados Unidos, país que según él quiere apoderarse o invadir Venezuela por sus abundantes reservas de petróleo.

Vicky Dávila, periodista con gran reconocimiento público en el ámbito nacional por su registro y calidez ante las cámara represento de cierta manera la incomodidad que siente el pueblo colombiano por las reiteradas ocasiones en el que el presidente venezolano se refiere en términos desobligantes hacia Colombia, la cual ha calificado de guerrerísta por más de 60 años y de establecerse una narcodemocracia dirigida por paramilitares, palabras que si bien son de grueso calibre, muestran de alguna manera los tentáculos de la corrupción que hoy tienen entre el escarnio y la cárcel a algunos dirigentes de la vida nacional.

El trato dado por la entrevistadora a su entrevistado parece el de una mensajera enviada por el ejecutivo, pues dejó ver en sus preguntas punzadas de aquello que no se atreve a pronunciar el mandatario Uribe Vélez o su gabinete ministerial, quien ha encontrado en los medios de comunicación en este caso RCN un aliado para mantener su popularidad con miras a un tercer mandato, Vicky Dávila al parecer incurrió en la falta de objetividad, fue parcial y nunca encontró la empatía que debe tener un periodista con el fin de elaborar un buen documento visual que disipara los problemas que tienen estos países fronterizos o por lo menos cual es el papel en realidad que quiere desempeñar Hugo Chávez como revolucionario en toda América, por el momento el mandatario bolivariano salió bien librado del ataque periodístico con tintes de Uribísmo y campaña presidencial.